Me dieron ganitas de escribir. Pero otro día :-D
Lo concreto es que me acordé que tenía este humilde blog y he decidido hacer algún aporte en las próximas horas
domingo, 21 de junio de 2009
lunes, 22 de diciembre de 2008
El Arriero
En todas las familias siempre hay uno o algunos personajes un tanto especiales. En esta ocasión voy a relatar sobre aquel día en que mi papá cuando hacía el “reparto” se cruzó con uno de sus hermanos en un camino cercano a La Isla…
El Mula, como lo bautizó mi madre (debilidad típica de galponeños esa de poner apodos a la gente), tenía un amigo cuyo nombre desconozco y que se dedicaba a no se qué actividad, pero con certeza puedo asegurar que entre sus pertenencias se hallaba un equino de buena apariencia y carácter dócil y afable.
El Mula fue siempre muy paseandero, a bordo de su moto petisa recorre caminos de todos los rumbos y tipos, no le hace asco a nada y es un tipo con mucha calle.
Un buen día, El Mula paseaba por la vecina localidad de San Lorenzo cuando vio dentro de una casa el equino de su amigo, como es de carácter algo osado llamó a la puerta y reclamó como suyo al caballo, por supuesto el nuevo dueño negó rotundamente la declaración; El Mula ni lerdo ni perezoso revisó al animal y constató que llevaba una marca fresca encima de la de sus verdaderos amos, esto alimentó su ira y lo empujó a llevarse al caballo por las buenas o por las malas. El quita caballo resultó ser una persona inteligente y no opuso resistencia, así es que mi tío se sacó el cinto que llevaba puesto, ató al caballo del cuello, subió a su moto y emprendió el regreso “al trotecito”.
Imagino que debe haber sido una escena muy pintoresca la de mi tío en su moto guíando al caballito a lo largo de por lo menos veinte kilómetros, tuvo que atravesar toda la ciudad, una lástima no haber podido ver esto. Casi llegando a destino fue cuando mi padre a bordo de su furgoneta verde agua vio al arriero motorizado y luego nos hizo algún comentario.
El Mula, como lo bautizó mi madre (debilidad típica de galponeños esa de poner apodos a la gente), tenía un amigo cuyo nombre desconozco y que se dedicaba a no se qué actividad, pero con certeza puedo asegurar que entre sus pertenencias se hallaba un equino de buena apariencia y carácter dócil y afable.
El Mula fue siempre muy paseandero, a bordo de su moto petisa recorre caminos de todos los rumbos y tipos, no le hace asco a nada y es un tipo con mucha calle.
Un buen día, El Mula paseaba por la vecina localidad de San Lorenzo cuando vio dentro de una casa el equino de su amigo, como es de carácter algo osado llamó a la puerta y reclamó como suyo al caballo, por supuesto el nuevo dueño negó rotundamente la declaración; El Mula ni lerdo ni perezoso revisó al animal y constató que llevaba una marca fresca encima de la de sus verdaderos amos, esto alimentó su ira y lo empujó a llevarse al caballo por las buenas o por las malas. El quita caballo resultó ser una persona inteligente y no opuso resistencia, así es que mi tío se sacó el cinto que llevaba puesto, ató al caballo del cuello, subió a su moto y emprendió el regreso “al trotecito”.
Imagino que debe haber sido una escena muy pintoresca la de mi tío en su moto guíando al caballito a lo largo de por lo menos veinte kilómetros, tuvo que atravesar toda la ciudad, una lástima no haber podido ver esto. Casi llegando a destino fue cuando mi padre a bordo de su furgoneta verde agua vio al arriero motorizado y luego nos hizo algún comentario.
martes, 4 de noviembre de 2008
Cosa e´ Mandinga!

Es increíble cómo crecen los niños! si me parece que fue ayer cuando le tenía miedo a su hamburguesita de goma... Y ahora la sacude con ahínco y hasta le hizo un agujero con esos dientes ponzoña que tiene. E l Chaqueñito es un adolescente hecho y derecho, auque no tan derecho, cuando camina tiene un meneíto que me preocupa, y cuando mueve la cola todo el cuerpo lo acompaña.
El caschiruli ha crecido bastante, y nuestro cariño hacia él también, andamos todos chochos con el perrito.
No conocí perro más travieso que el Chaque, bagual, como le dice mi abul, que tiene los bracitos marcados por los cariños voraces que le hace el Chaque todos los días. Saca zapatillas, ropa y cuanta cosa encuentre en su camino, desentierra los huesos que Tuqui reserva para épocas de escasez y los muerde con una efusión y descaro propios de su naturaleza adolescente.
Así es el Chachi, orejas de cucharón...
sábado, 6 de septiembre de 2008
CHAQUEÑO
Bueno, ha transcurrido un tiempo considerable desde que mi Benito tomó la decisión de no estar más entre nosotros, fueron días muy tristes, pero así es la vida no? Hay que dejar el egoísmo de lado y seguir hacia adelante... Ya tomé coraje y me atrevo a dedicar estas míseras líneas a un nuevo integrante de la familia.
Algunas semanas después del triste suceso, un 7 de agosto llegó un petiso peludo y lleno de pulgas a alegrarnos un poco más los días, ya pasó casi un mes y el caschicito está alto y sin parásitos externos ni internos. Después de largos debates sobre el nombre que le daríamos, quedó como CHAQUEÑO, alhaja el nombre cuchillero que le adjudicamos.
Todos en la casa andamos cluecos atrás del bicharraco que ya nos tomó el pelo y hace de las suyas por todas partes. Lástima que sea tan malote, tratamos de educarlo pero es retobao el mandinga! cuestión de la edad calculo, ya se calmará cuando alcance la adultez.
Adora dormir entre las zapatillas de Sera, y ahora que tecleo acá, siento que se estira y se acomoda entre el calzado de mi hermano.
Estamos tratando de hacerlo un buen perrito, malcriado pero bueno al fin. A cada macana que se manda le repito que si no mejora, lo llevo al APAN...
Algunas semanas después del triste suceso, un 7 de agosto llegó un petiso peludo y lleno de pulgas a alegrarnos un poco más los días, ya pasó casi un mes y el caschicito está alto y sin parásitos externos ni internos. Después de largos debates sobre el nombre que le daríamos, quedó como CHAQUEÑO, alhaja el nombre cuchillero que le adjudicamos.
Todos en la casa andamos cluecos atrás del bicharraco que ya nos tomó el pelo y hace de las suyas por todas partes. Lástima que sea tan malote, tratamos de educarlo pero es retobao el mandinga! cuestión de la edad calculo, ya se calmará cuando alcance la adultez.
Adora dormir entre las zapatillas de Sera, y ahora que tecleo acá, siento que se estira y se acomoda entre el calzado de mi hermano.
Estamos tratando de hacerlo un buen perrito, malcriado pero bueno al fin. A cada macana que se manda le repito que si no mejora, lo llevo al APAN...
sábado, 19 de julio de 2008
Trauma Nº 1
Bueno, ahora voy a tratar de lograr una continuidad contando de a uno todos los momentos trágicos que acontecieron en el correr de mis años. Procederé a relatarlos sin prioridad alguna y sin subestimar detalles :-)
Y después se vienen las intimidades de mi familia...
Bueno, el primero será el de LA DAMA ANTIGUA:
Transcurría el año 1988 (creo) y mi hermano Jirafín cursaba su primer grado en la Escuela Parroquial (y PRIVADA, según las educadoras y su directora Lucrecia pifister-ja-) Martín Fierro. Llegó la semana de Mayo y como el primogénito siempre fué chupamedias, y mi adorada madre avivaba aquél sentimiento, hicieron (hizo mi vieja, mejor dicho) una dama antigua de papel tamaño natural para ornamentar el patio en el día del acto, todos los en la mesa de la cocina se armaba una maraña con recortes de todos los colores y tamaño, de a poco fué tomando forma aquélla vieja de peineta y cara de maledetta...
No me daba miedo, yo solamente la veía de lejos y me intrigaba lo que harían con ella, pero digamos que no me quitaba el sueño. Hasta aquella funesta tarde en que mi mamá salió con mi hermano para acompañarlo a la escuela y quedé encerrada en la casa, sola, con la vieja ésta colgada en la pared que me miraba con sus ojos pérfidos, y sus bucles de papel crepe me parecían serpientes! ¡Qué miedo! me senté en el piso apoyando la espalda en la puerta, pero aquella patricia no me sacaba la mirada de encima, entonces perdí los modales y me di vuelta dándole la espalda hasta que regresó mi madre.
Después se hizo el acto y la dama se fue para no volver nunca
Y después se vienen las intimidades de mi familia...
Bueno, el primero será el de LA DAMA ANTIGUA:
Transcurría el año 1988 (creo) y mi hermano Jirafín cursaba su primer grado en la Escuela Parroquial (y PRIVADA, según las educadoras y su directora Lucrecia pifister-ja-) Martín Fierro. Llegó la semana de Mayo y como el primogénito siempre fué chupamedias, y mi adorada madre avivaba aquél sentimiento, hicieron (hizo mi vieja, mejor dicho) una dama antigua de papel tamaño natural para ornamentar el patio en el día del acto, todos los en la mesa de la cocina se armaba una maraña con recortes de todos los colores y tamaño, de a poco fué tomando forma aquélla vieja de peineta y cara de maledetta...
No me daba miedo, yo solamente la veía de lejos y me intrigaba lo que harían con ella, pero digamos que no me quitaba el sueño. Hasta aquella funesta tarde en que mi mamá salió con mi hermano para acompañarlo a la escuela y quedé encerrada en la casa, sola, con la vieja ésta colgada en la pared que me miraba con sus ojos pérfidos, y sus bucles de papel crepe me parecían serpientes! ¡Qué miedo! me senté en el piso apoyando la espalda en la puerta, pero aquella patricia no me sacaba la mirada de encima, entonces perdí los modales y me di vuelta dándole la espalda hasta que regresó mi madre.
Después se hizo el acto y la dama se fue para no volver nunca
miércoles, 9 de julio de 2008
Salame de Milán
No se porqué, pero nuestros perros siempre fueron de hacer cosas graciosas, o de tener costumbres algo extrañas (al menos para mí)...
Bien, cuando yo tenía alrededor de cuatro años nos acompañaban dos perros que nada que ver el uno con el otro, Ajenor y Peki. Ajenor era un regordete de pelaje negro y piel verdosa, sí, recuerdo que le levantaba el pelito y se le veía la piel color verde agua; y Peki era un pekinés (muy original el nombre como verán) perdido que mi madre "Eleno" había encontrado un día. Uno simpático y bonachón, con muchos caminos andados y muchos amigos de diversas especies y clases sociales; el otro algo cascarrabias, petiso y con piojos del color de su pelaje (una vez me contagió, dicen), se ve que con poca calle (sólo se pierden los perros de hogar), pero cariñoso al fin.
En la esquina de mi casa, había un típico almacén de barrio propiedad de una pareja de bolivianos que llegaron a estas tierras cuando los churquis y las tuscas moraban en completa armonía con la gente. Se llaman Cirilo y Diosmira, todavía están en pie, pero ahora alquilaron el lugar a otro boliviano que tiene una empleada muy eficiente que se llama Betty (que según algunas lenguas venenosas del barrio es la amante del tipo)-no se ni me importa-, de modo que ahora vamos a comprar a "La Betty " y no a "La Diosmira".
Resulta que en aquellos años dorados de mi infancia no había tantos robos, la gente vivía más tranquila y ese famoso "Paco" era el tío de las chancles o algún cristiano que se llamaba Francisco. Tal es así que Cirilo abría la heladera almacenera (esa horizontal y vidrio en el frente donde por lo gral. se guardan los lácteos, fiambres, pastas, jugos, dulces de batata y membrillo y cuanto producto perecedero se les pase por la cabeza) y se olvidaba la puerta abierta sin sufrir percance alguno.
Ajenor era un descuidista innato, y aprovechando la familiaridad con que era tratado en todas partes y el descuido del boliviano, entró en el almacén, se sacó un salame entero de la heladera y se lo llevó a la vereda de mi casa lo más campante.
No se cómo habrá hecho para transportar su botín, porque un salame de esos debe pesar más de 3 kilos y Ajenor era un perro de porte mediano, el traslado del embutido le debe haber significado un gran esfuerzo...
Como Ajenito era un tipo de buen corazón quiso compartir el fruto de su labor con los cuadrúpedos con quienes compartía el techo, de manera que ayudaron a reducir la mitad del salame Peki y un gato/a que había en ese momento, no se si Manopla o Caty.
Nosotros los agarramos con las manos en la masa (los dientes en el salame sería), pero comían con tanta devoción que los dejamos proceder tranquilos. Transcurrido algún tiempo, los tres desfilaron hacia el fondo para exorcisarse, uno al lado de otro vomitaban una pasta rosadita, se había indigestado mamamente!
Mi vieja pilló el salame, le cortó el pedazo magullado por el trío y lo guardó en la heladera, de esa parte no me acuerdo bien, pero supongo que nos lo comimos sin piedad alguna.
Sí, seguro por varias semanas nos hicimos una picadita, porque nos perdimos del almacén por varias jornadas y no encuentro otra explicación que la culpa o el miedo a que Cirilo nos cobrara el salame que nuestro perro le había birlado...
Bien, cuando yo tenía alrededor de cuatro años nos acompañaban dos perros que nada que ver el uno con el otro, Ajenor y Peki. Ajenor era un regordete de pelaje negro y piel verdosa, sí, recuerdo que le levantaba el pelito y se le veía la piel color verde agua; y Peki era un pekinés (muy original el nombre como verán) perdido que mi madre "Eleno" había encontrado un día. Uno simpático y bonachón, con muchos caminos andados y muchos amigos de diversas especies y clases sociales; el otro algo cascarrabias, petiso y con piojos del color de su pelaje (una vez me contagió, dicen), se ve que con poca calle (sólo se pierden los perros de hogar), pero cariñoso al fin.
En la esquina de mi casa, había un típico almacén de barrio propiedad de una pareja de bolivianos que llegaron a estas tierras cuando los churquis y las tuscas moraban en completa armonía con la gente. Se llaman Cirilo y Diosmira, todavía están en pie, pero ahora alquilaron el lugar a otro boliviano que tiene una empleada muy eficiente que se llama Betty (que según algunas lenguas venenosas del barrio es la amante del tipo)-no se ni me importa-, de modo que ahora vamos a comprar a "La Betty " y no a "La Diosmira".
Resulta que en aquellos años dorados de mi infancia no había tantos robos, la gente vivía más tranquila y ese famoso "Paco" era el tío de las chancles o algún cristiano que se llamaba Francisco. Tal es así que Cirilo abría la heladera almacenera (esa horizontal y vidrio en el frente donde por lo gral. se guardan los lácteos, fiambres, pastas, jugos, dulces de batata y membrillo y cuanto producto perecedero se les pase por la cabeza) y se olvidaba la puerta abierta sin sufrir percance alguno.
Ajenor era un descuidista innato, y aprovechando la familiaridad con que era tratado en todas partes y el descuido del boliviano, entró en el almacén, se sacó un salame entero de la heladera y se lo llevó a la vereda de mi casa lo más campante.
No se cómo habrá hecho para transportar su botín, porque un salame de esos debe pesar más de 3 kilos y Ajenor era un perro de porte mediano, el traslado del embutido le debe haber significado un gran esfuerzo...
Como Ajenito era un tipo de buen corazón quiso compartir el fruto de su labor con los cuadrúpedos con quienes compartía el techo, de manera que ayudaron a reducir la mitad del salame Peki y un gato/a que había en ese momento, no se si Manopla o Caty.
Nosotros los agarramos con las manos en la masa (los dientes en el salame sería), pero comían con tanta devoción que los dejamos proceder tranquilos. Transcurrido algún tiempo, los tres desfilaron hacia el fondo para exorcisarse, uno al lado de otro vomitaban una pasta rosadita, se había indigestado mamamente!
Mi vieja pilló el salame, le cortó el pedazo magullado por el trío y lo guardó en la heladera, de esa parte no me acuerdo bien, pero supongo que nos lo comimos sin piedad alguna.
Sí, seguro por varias semanas nos hicimos una picadita, porque nos perdimos del almacén por varias jornadas y no encuentro otra explicación que la culpa o el miedo a que Cirilo nos cobrara el salame que nuestro perro le había birlado...
sábado, 7 de junio de 2008
La vejez viruela
Esta tarde llevé a mi Benito al veterinario porque hace ya algunos días que anda con pocas ganas de comer y está muy flaquito, salimos a caminar un rato y a causa de la debilidad se cansa muchísimo, encima la tricota rayada le marca todo el hueserío...
Por suerte tiene buena cara y mueve la cola, creo que eso es buena señal.
No me gustó nada que el Dr. Monge me contestara que "tiene vejez" cuando indagué sobre lo que le pasaba a la vinchuca, me sonó triste, encima puso cara seria al reponderme. No me gusta ver mal a Benito.
Ahora, el perro bulímico debe tomar gotas anabólicas para que le abran el apetito; espero le hagan bien y en unos días tengamos nuevamente una vinchuca molesta y gordita como antes.
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